(Nota: para la correcta interpretación del siguiente artículo, recomiendo la lectura del primer artículo de este blog "Magenta=rojo+azul")
Todos preveíamos la victoria del partido azul; lo que no imaginábamos era la apabullante contundencia con la que los españoles han expresado su voluntad, sobre todo después de que las protestas iniciadas por "Democracia Real Ya" allanaran el yermo pedregal de nuestro sistema bipartito para vislumbrar un horizonte más variopinto y colorido. Confieso que personalmente ha sido un duro golpe a mis expectativas de presenciar una participación más repartida entre las diferentes opciones políticas.
No creo que sea bueno para Magentaria proseguir con este eterno partido de tenis donde cada set se vive como si se tratara de la apertura de un nuevo juego. En realidad, estamos asistiendo todos al mismo evento al que acudimos cuando nos sentamos por primera vez en nuestra cómodas butacas, después de habernos ganado el boleto de la soberanía popular en una rifa del destino (digo rifa, porque si el Caudillo hubiera vivido veinte años más, nuestra democracia tendría precisamente esos mismo años de menos) y haber apostado por nuestros jugadores preferentes basándonos en su aspecto físico, ostentoso linaje y otras destrezas ajenas a la naturaleza y a la calidad de su juego.
Y es que, si Ud., querido magentario y magentaria de a pie, recibiera 1 maravedí de plata (o a cualquier efecto, un real) por cada magentario o magentaria que haya leído y estudiado concienzudamente el programa político de su respectiva preferencia política, me atrevería a decir con casi absoluta certeza que saldría de aquí con los bolsillos vacíos.
No nos engañemos, a Ud., magentario y magentaria de a pie, no le interesan las propuestas políticas concretas, sino los políticos que actúan como los ídolos de los culebrones televisivos que Ud. venera secretamente desde su sofá siesteril todas las tardes del mundo. O quizás sea Ud. de los que prefieren deshumanizarse progresivamente vaciando su palpitante inteligencia en el espectáculo soez y banal de los programas del corazón, o del GH, etc.
Y es que no le culpo a Ud., yo también me quedaría perplejo ante la imagen de un político increpando a otro por sistema y costumbre y sin proponer nada en concreto para paliar esta situación a la que todos nos enfrentamos con mayor o menor fortuna. ¿Qué diferencia hay entre el actual lenguaje de estos políticos y el dramatismo impostado de los personajes que pueblan los culebrones televisivos? Dicho todo esto, ¿en qué nivel intelectual pretende que le situemos, si confunde Ud. a los Alberto Fernandos y Julio Cristóbales sudamericanos con los Marianorajoises y los zapateros Joseluises del noble estado magentario? Y dirá Ud., ¿cómo no disculpar su confusión ante la tremenda mueca que el presidente rojo le dedica al esperpéntico y repetitivo mono (de mono, simio) - loquio perpretado trágicamente por el presidente azul, cuando en lugar de estar presenciando el capítulo 1.134 de "El caballo blanco de Santiago" lo que en verdad está Ud. viendo es un telediario con los actuales representantes políticos "debatiendo" sus egos y colores?
El zapping es poderoso, y entiendo que es fácil pasar inadvertidamente de un canal a otro y confundir la velocidad con el tocino. Como muestra, un botón: Rodrigo Javier amenaza con el divorcio a Cristina Leonora debido a una supuesta infidelidad de ésta. Justo antes de que ella responda a las amenazas de su marido, Ud. pulsa instintivamente un botón cualquiera del mando a distancia y aparece en pantalla Luismarianorajoy, que culpa de todo al zapatero Joseluis, por lo que Ud. deduce que el perpetrador de la infidelidad es dicho zapatero. A su vez, éste contesta que no tiene la culpa de nada, que él no pretende hacer el mal a nadie. Su talante amable y conciliador así parece atestiguarlo.
Pero, diantres, Ud. cambia de nuevo de canal y Cristina Leonora, en cámara lenta y acompañada por una sugerente música de violines de sintetizador japonés, besa apasionadamente a Luis Mariano. Y Ud. deduce lógicamente: qué bueno es Luis Marianorajoy, que ha convencido a Cristina Leonora que el zapatero Joseluis no la quiere realmente, y lo que pretende es casarse con Rodrigo Javier, y así Luismariano consigue quedarse con ella. Y claro, el día de las elecciones, ¿Ud. a quién va a votar si no? Al que se queda con la chica, ¿o no?
Para que Ud. entienda este asunto del 15-M, lo que le proponemos es que apague la tele, ignore el lenguaje simplista y pueril utilizado por los candidatos, y con el que le están atontando su señorial testera, y se dedique a estudiar, contrastar y debatir sanamente las ideas y propuestas de cada uno de los partidos presentadas en sus respectivos programas. Si al final, su decisión no hubiera variado, no pondremos ninguna objeción a su legitimidad para dejar de ser magentario y convertirse en español.
Porque si Ud. sigue votando a los azules, o a los rojos, con el pleno convencimiento de que son las únicas opciones factibles para gobernar este país, y lo ha hecho después de haber examinado su conciencia y haberse informado al menos de forma general, habremos pues de abrirle nuestros brazos y acogerlo en esta gran familia democrática que hemos acordado crear. Sin embargo, si Ud. sigue persistiendo en su obstinado magentarismo sin atender a otras razones ni considerar otros colores que no sean el azul o el rojo, entonces amigo mío, ¡qué zozobra para este país que nos va a quedar a todos!
Todos preveíamos la victoria del partido azul; lo que no imaginábamos era la apabullante contundencia con la que los españoles han expresado su voluntad, sobre todo después de que las protestas iniciadas por "Democracia Real Ya" allanaran el yermo pedregal de nuestro sistema bipartito para vislumbrar un horizonte más variopinto y colorido. Confieso que personalmente ha sido un duro golpe a mis expectativas de presenciar una participación más repartida entre las diferentes opciones políticas.
No creo que sea bueno para Magentaria proseguir con este eterno partido de tenis donde cada set se vive como si se tratara de la apertura de un nuevo juego. En realidad, estamos asistiendo todos al mismo evento al que acudimos cuando nos sentamos por primera vez en nuestra cómodas butacas, después de habernos ganado el boleto de la soberanía popular en una rifa del destino (digo rifa, porque si el Caudillo hubiera vivido veinte años más, nuestra democracia tendría precisamente esos mismo años de menos) y haber apostado por nuestros jugadores preferentes basándonos en su aspecto físico, ostentoso linaje y otras destrezas ajenas a la naturaleza y a la calidad de su juego.
Y es que, si Ud., querido magentario y magentaria de a pie, recibiera 1 maravedí de plata (o a cualquier efecto, un real) por cada magentario o magentaria que haya leído y estudiado concienzudamente el programa político de su respectiva preferencia política, me atrevería a decir con casi absoluta certeza que saldría de aquí con los bolsillos vacíos.
No nos engañemos, a Ud., magentario y magentaria de a pie, no le interesan las propuestas políticas concretas, sino los políticos que actúan como los ídolos de los culebrones televisivos que Ud. venera secretamente desde su sofá siesteril todas las tardes del mundo. O quizás sea Ud. de los que prefieren deshumanizarse progresivamente vaciando su palpitante inteligencia en el espectáculo soez y banal de los programas del corazón, o del GH, etc.
Y es que no le culpo a Ud., yo también me quedaría perplejo ante la imagen de un político increpando a otro por sistema y costumbre y sin proponer nada en concreto para paliar esta situación a la que todos nos enfrentamos con mayor o menor fortuna. ¿Qué diferencia hay entre el actual lenguaje de estos políticos y el dramatismo impostado de los personajes que pueblan los culebrones televisivos? Dicho todo esto, ¿en qué nivel intelectual pretende que le situemos, si confunde Ud. a los Alberto Fernandos y Julio Cristóbales sudamericanos con los Marianorajoises y los zapateros Joseluises del noble estado magentario? Y dirá Ud., ¿cómo no disculpar su confusión ante la tremenda mueca que el presidente rojo le dedica al esperpéntico y repetitivo mono (de mono, simio) - loquio perpretado trágicamente por el presidente azul, cuando en lugar de estar presenciando el capítulo 1.134 de "El caballo blanco de Santiago" lo que en verdad está Ud. viendo es un telediario con los actuales representantes políticos "debatiendo" sus egos y colores?
El zapping es poderoso, y entiendo que es fácil pasar inadvertidamente de un canal a otro y confundir la velocidad con el tocino. Como muestra, un botón: Rodrigo Javier amenaza con el divorcio a Cristina Leonora debido a una supuesta infidelidad de ésta. Justo antes de que ella responda a las amenazas de su marido, Ud. pulsa instintivamente un botón cualquiera del mando a distancia y aparece en pantalla Luismarianorajoy, que culpa de todo al zapatero Joseluis, por lo que Ud. deduce que el perpetrador de la infidelidad es dicho zapatero. A su vez, éste contesta que no tiene la culpa de nada, que él no pretende hacer el mal a nadie. Su talante amable y conciliador así parece atestiguarlo.
Pero, diantres, Ud. cambia de nuevo de canal y Cristina Leonora, en cámara lenta y acompañada por una sugerente música de violines de sintetizador japonés, besa apasionadamente a Luis Mariano. Y Ud. deduce lógicamente: qué bueno es Luis Marianorajoy, que ha convencido a Cristina Leonora que el zapatero Joseluis no la quiere realmente, y lo que pretende es casarse con Rodrigo Javier, y así Luismariano consigue quedarse con ella. Y claro, el día de las elecciones, ¿Ud. a quién va a votar si no? Al que se queda con la chica, ¿o no?
Para que Ud. entienda este asunto del 15-M, lo que le proponemos es que apague la tele, ignore el lenguaje simplista y pueril utilizado por los candidatos, y con el que le están atontando su señorial testera, y se dedique a estudiar, contrastar y debatir sanamente las ideas y propuestas de cada uno de los partidos presentadas en sus respectivos programas. Si al final, su decisión no hubiera variado, no pondremos ninguna objeción a su legitimidad para dejar de ser magentario y convertirse en español.
Porque si Ud. sigue votando a los azules, o a los rojos, con el pleno convencimiento de que son las únicas opciones factibles para gobernar este país, y lo ha hecho después de haber examinado su conciencia y haberse informado al menos de forma general, habremos pues de abrirle nuestros brazos y acogerlo en esta gran familia democrática que hemos acordado crear. Sin embargo, si Ud. sigue persistiendo en su obstinado magentarismo sin atender a otras razones ni considerar otros colores que no sean el azul o el rojo, entonces amigo mío, ¡qué zozobra para este país que nos va a quedar a todos!
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